Fue un amor fugaz, un amor de verano. Me planté frente a él, con una seguridad que intimidaba. Mi mirada decía que lo deseaba; la suya estaba llena de temor, y aún así pude notar un poco de deseo. Lo besé. El enojo, mezclado con la vergüenza, lo hizo ponerse rojo.

─Hagamos a un lado las formalidades, son una perdida de tiempo cuando sabemos lo que ambos deseamos.─ Le dije. ─Que éste sea el inicio perfecto, y ya veremos cómo será la línea de meta.

Desde allí, todo fue sin compromisos. Encuentros esporádicos llenos de placer, pues al fin y al cabo, no éramos más que juventud salvaje llena de imprudencias; respirando a través de pulmones dañados y coleccionando nombres de los amantes que salieron mal. 

El amor afloró de a poco de mí. Sí, yo, que dije que todo sería sin compromisos, que sería solo placer y nada más, me estaba enamorando de él. Y así como el amor, llegó el temor. Temor a que, a pesar de todo el placer que nos brindamos, y todos los encuentros en secreto, él no sintiera por mí lo mismo que yo por él. A éstas alturas, todos los sentimientos estaban muertos, se habían ido. Y volvieron con su rostro a atormentarme.

Todo se vino a abajo, se me cayó el mundo encima, como una inundación que rompió un hogar. Incendiamos nuestro interior solo por diversión, con placer y deseo, y luego llegó la tormenta a mí. Lo perdí todo. Soy solo la silueta de lo que solía ser. Soy una cara sin vida que él pronto olvidará.

Mis ojos aún se humedecen al recordar las palabras que dejó rondando en mi cabeza cuando destrozó mi pecho. Y si tú aún puedes enamorarte, tienes suerte; la mayoría de nosotros estamos amargados por alguien. Mientras, yo sigo incendiando mi interior, solo por diversión, para distraer a mi corazón del hecho de que lo perdí para siempre. Pero lo extrañaré por siempre.

Te conocí una navidad, donde no esperaba encontrarte. Fue un segundo, un instante. Y sentí como mi alma voló hacia otro destino, tan distante. Me aferré a ti con la fuerza de mil hombres, pues te amé desde el primer momento. Todos me decían que era imposible, pero mi terquedad me cegaba. Era más grande mi amor por ti que los motivos que nos separaban.

El sentimiento solo crecía, pero tu interés en mí no lo conocía. El día que mis ojos descubrieron el sonido incomparable de tu mirada, bien supe que con el amor, el dolor también llegaría, pero igual seguí tus pasos, y llegué a lugares donde nunca creí que estaría. Descubrí lo que era amar de verdad.

Nadie nunca creyó que mi felicidad crecía, solo al escuchar mi nombre, como lejana esperanza, salir de tus labios. Quizás tú tampoco confiaste en mi alegría. Quizás nunca supiste, que yo reiría eternamente si me mirabas. Solo si me mirabas.

Siempre que te veía, sentía mi alma volver a mi cuerpo. Lo que nunca supe, es que con el adiós, mi alma contigo se quedaría. Sentí como mi alma se evaporaba hacia otro destino, donde ya tus ojos no estaban.

Mi piel sintió el perfume de tu eterna ausencia y mi boca pronunció tu nombre por última vez. No me reconocí al saberme vencido, no era yo aquél que peleaba sin tregua y esperaba poder verte cada día.

Otra vez recuerdo el sonido de tu voz, como aquella melodía que ponía fin a mis agonías. Las dulces notas que me devolvían a la vida. Recuerdo las emociones corriendo por mi sangre cada vez que me tocabas, y vuelve a mí la nostalgia como final de película de amor.

Siempre pensé si estaba escrito que te encontrara en mi camino, o si solo fui yo que quise cambiar mi destino. Pero ahora solo pienso que en este camino hay diversas paradas, y tú decidiste bajar de este tren. Y con la misma fuerza que me aferré a ti en un principio, debo mantenerme firme y no sucumbir ante tu adiós.

Más que un libro, quiero escribir sobre una saga. Mi saga favorita. La de Harry Potter. Si yo viviera en el universo de Harry Potter, tal vez sería una personaje sin mucha relevancia, así como también podría ser el protagonista de la historia.

A veces me gusta imaginarme siendo el mago más famoso y reconocido del mundo mágico: "Víctor Rivas, el niño que vivió". De solo pensarlo se me estremece todo el cuerpo de la emoción.Vivir en el mundo mágico, con la familia Weasley, y tener amigos como Ron y Hermione. Hacer encantamientos y divertirme con ellos, y también usarlos en cuestiones de vida o muerte. Hacer travesuras en Hogwarts, con temor de ser asesinado, o peor, ser expulsado. Ir a la cabaña de Hagrid y conocer sobre todas las maravillosas criaturas mágicas, en especial sobre mi favorita: los centauros (Tal vez el hecho de que mi signo sea Sagitario haya propiciado mi amor hacia esa criatura mitad caballo y mitad humano). Conocer la historia del señor tenebroso, el que no debe ser nombrado, y aún así nombrarlo: Lord Voldemort. Sin temor. Luchar contra él y sus mortífagos. Vencerlo y ser reconocido entonces como: "Víctor Rivas, el mago que venció".

En resumen, mi vida en el universo de Harry Potter sería maravillosa. Llena de aventuras, grandes amigos y magia; mucha magia. Sería perfecta. Pues para mí, no hay mejor viaje, que el que se hace en el Expreso de Hogwarts.

Hay tantos personajes ficticios que me gustan y con los cuales podría identificarme. Pero solo hay uno con el cual me identifico -casi- completamente, y ese no podía ser otro que Harry Potter.

Acá una pequeña descripción de la manera de ser de Harry:

Harry se caracteriza por ser alguien que quiere mucho a sus amigos y aprecia los vínculos que forma con las personas con el tiempo. Se sacrifica por ellos. Es muy curioso, y suele ser algo introvertido cuando no conoce muy bien a alguien, pero cuando llega a tener confianza, suele ser más abierto. Normalmente se encuentra entre serio y alegre. Le gusta pasear y estudiar diferentes hechizos con los cuales puede mejorar como mago. Ama el dulce y odia lo amargo. No le gusta que lo subestimen ni lo menosprecien, puesto que es muy susceptible y se puede enfadar fácilmente, hasta ponerse violento. Tiende, no obstante, a ser extremadamente pesimista y a tener contradicciones existenciales; a menudo imagina que le va a pasar lo peor cuando está en situaciones estresantes.

Las personas que me conocen, pueden ver que soy muy parecido a Harry en su forma de ser. Las únicas diferencias, es que a diferencia de Harry, no suelo ser violento y no me enfado con facilidad. Tampoco soy pesimista, al contrario, soy muy optimista, pero sí llego a pensar que puede pasarme lo peor cuando estoy en situaciones estresantes.

En fin, mi vida, si fuera Harry Potter, sería lo mejor que podría sucederme. las aventuras, la historia de la magia, usar la magia. Todo eso sería maravilloso. Y si me pongo a pensar, no está de más agregar un poco de magia a este viaje.

El miedo; esa sensación que te paraliza y te advierte que puedes estar en peligro por cualquier situación, y este viaje no ha estado exento de ellos. Por mi parte, soy de esas personas que no siempre demuestran el miedo. Se puede decir que soy una persona dura, pero eso es solo en el exterior, porque la verdad, es que le tengo miedo a muchas cosas. A algunos insectos (Más que miedo, es asco), al fracaso, a la soledad. Sí, le tengo miedo, muchísimo, a la soledad.

Desde el inicio de mi viaje, me he dado cuenta de que no me gusta estar solo. Cada vez que mi mamá, mi papá o mis hermanos me dejaban solo, siendo yo un bebé, me ponía a llorar, porque en efecto no quería estar solo. Me aterraba la idea de que nadie estuviera allí para acompañarme. Y hoy, que ya he dejado atrás buena parte del camino, y he superado muchas cosas, me doy cuenta que ese miedo sigue allí, y me acompaña a todas partes.

Me gusta estar acompañado, ya sea por mi familia, por amigos, o solo por Toby, mi perro. Y es que con solo sentir la presencia de alguien cercano todos mis miedos e incertidumbres se disipan. La soledad es traicionera. Te obliga a hablar contigo mismo, a reflexionar algunas cosas, lo cual es bueno, pero también te hace pensar más de la cuenta. Puedes volverte paranoico por cualquier situación que hayas vivido, y llegar a obsesionarte con una circunstancia en específico. Y no me gusta experimentar la sensación de paranoia, pensar una y otra vez sobre algo que hice, o que no hice, y obsesionarme con eso.

Y lo que más me asusta de la soledad, es que estando solo no se tiene a una persona a quien contarle tus problemas, que te aconseje sobre algún aspecto en tu vida y te de amor y cariño cuando lo necesites. La soledad es algo bueno y necesaria en algunos casos, pero puede llegar a ser muy peligrosa en otros.

Los mejores viajes siempre son los que se hacen con la familia, o con amigos. O incluso con la familia y con los amigos, todos juntos. Pero todos sabemos, que a la gran mayoría no les gusta viajar solos.

Como ya saben, me gusta definir mi vida como un viaje, en el que en las diferentes etapas del camino, voy aprendiendo y experimentando cosas que me hacen crecer como persona. Una de esas cosas que he aprendido, y a la que le he "cogido gustico" es, precisamente, viajar.

Me gustaría poder viajar por el mundo, y conocer todos los lugares y culturas que en él existen. Me gustaría ir a España y conocer el Santiago Bernabéu. Conocer la cultura de ese país, conocer Madrid y ver la arquitectura de Barcelona desde el aire. Tomar un tren que me lleve por toda Europa, tal como lo hicieron mis hermanos en 2009, y visitar y conocer todos los lugares turísticos que ellos visitaron (Y los no tan turísticos también).

Quisiera conocer Asia, específicamente Japón. La cultura y las tradiciones de ese país me llaman mucho la atención, y quizá pueda contar con la suerte de conocer a alguno de los creadores de mis animé favoritos jajaja. Y no puedo dejar por fuera a América. Recorrer toda América, es algo que siempre he querido hacer.

Lamentablemente, la situación actual me impide a mí, y a muchos otros, poder darnos el lujo de conocer el mundo. Pero sé que en un futuro no muy lejano, todo cambiará para mejor, y todos tendremos las mismas posibilidades de conocer lo maravilloso que es el mundo, con sus diferentes culturas y tradiciones, y poder agregar anécdotas, recuerdos e historias a nuestro viaje.

Hoy me la pusieron difícil. Durante este viaje he conocido mucha gente maravillosa, y a muchos de ellos los admiro muchísimo. Pero, creo que, sin vacilar mucho, puedo decidirme por hablar de alguien en específico.

En este viaje conocí a una persona, a una mujer, que pasó por muchas dificultades en su vida y aún así dio todo de sí para sacar adelante a sus hijos. Una mujer que nació, podría decirse, en la pobreza, pero con su fuerza de voluntad y trabajo arduo logró salir adelante, siempre con la mirada hacia arriba. Esa mujer no es otra que mi abuela materna, Dolores Rojas, quien desde muy joven tuvo que salir a trabajar a las calles, haciendo cualquier cosa que pudiese hacer, para ayudar a su familia a conseguir comida o lo que necesitasen.

Me duele admitir que no tuve la mejor de las relaciones con ella durante los últimos años de su vida, pero siempre estaré muy agradecido con ella, por haberle dado la vida a la mujer que luego me la daría a mí, y por enseñarle a ella que para lograr lo que quieres, debes trabajar duro y ser perseverante. Cosa que mi madre luego me enseñaría a mí y a mis hermanos.

Abuela, espero que me disculpes por no haber estado contigo en tus últimos momentos, y quiero que sepas que siempre, siempre, estarás conmigo, en mi corazón. Y tengo la certeza de que, aunque tu viaje terminó, seguirás cuidándome en el mío. Te amo.